domingo, 5 de marzo de 2017

El vídeo Porno de la escritora.


Alejandra Omaña, la periodista, la editora, la escritora de letras limpias, despulgadas de adjetivos, la niña de 22 años que piensa y escribe desde la madurez de su historia de vida que se remonta a ese pueblo cercano a Cúcuta, en el que se dio a conocer por ser la adolescente loca y genio que no salía de la biblioteca, ella, la de dulce sonrisa cristalina y rozagantes ojos negros, ahora nos arrulla con su majestuoso culo dorado y sus estruendosas tetas almibaradas, durante los 13 minutos que dura el video Porno, en el que, vestida de monja, con rosario en la mano, en soledad masturbatoria y en coprotagónico con ese consolador fortachón y cabezón, nos dicta una cátedra de sociología de la feminidad, convirtiéndose en la más contundente manifestación revolucionaria en pro de la igualdad y la tolerancia, configurándose una pieza de trascendencia histórica, edificando un símbolo cultural, atentado flagrante, cínico y manifiesto en contra del machismo y la misoginia.

Y dirán que no es novedad, que algo así ya lo han hecho otros y que eso del sexo con sotanas es hasta clichetudo. Pero es que Alejandra es literata, le editó a Alfaguara, lleva varios años escribiendo para Soho y el Espectador, tiene ya lista su primera novela que habrá de publicar una importante editorial ...y acaba de hacer un video Porno. El primero en la historia de Colombia realizado por una mujer como ella.

Por eso es que ese consolador que se sumerge en Alejandra, es un dardo en el ojo de vidrio de esta sociedad que tantos esfuerzos hace por enclosetar la sexualidad femenina, a través de simbolismos que perpetúan la dominación masculina.

Las mujeres continúan siendo objeto de dominación. Nada ha cambiado. Siguen ubicadas en el mismo escalafón desde la sociedad agrícola. Funcionalmente, aplicando al mundo actual una ecuación simétrica, siguen sirviendo para lo mismo: Labores de cuidado del hogar, así como gestoras de los vínculos familiares, cuidado de los enfermos, confección, educación de los infantes.

Lo que pasa es que esta sociedad dominada por el macho pretende hacerles creer que todo ha cambiado, que como votan y tienen derecho a estudiar en la universidad, ganaron un espacio junto al hombre, a su lado, en el otro plato de la balanza, que no se inclina, que permanece horizontal, estática, pero que en realidad soporta los mismos contrapesos históricos que han fomentado la desigualdad de género en Latinoamérica.

Nada más cierto: Ilusas. Yo no voy a tapar nada. Aquí se viene a decir la verdad sin maquillaje. No voy a ser solidario ni leal con los que, como yo, allí empacados en los calzoncillos, tenemos un par de testículos. Yo soy Delator.

¿Cuántas mujeres están estudiando hoy en día para ser ingenieras? Que las hay las hay, sí...¿Pero cuántas? ¿Y cuántos hombres están estudiando diseño? ¿Y preescolar? Obvio, los hay si, pero vuelvo y pregunto: ¿cuántos?

Saquen cuentas. En los congresos latinoamericanos las curules que han conseguido las mujeres son representativas precisamente de ese contentillo social, con el que pretenden tenerlas tranquilas. Las empresas están llenas de operarias, pero viene siendo un hecho histórico, si se llega a sentar una dama en el escritorio de la placa dorada que dice “Presidente”

¿Y cuántos de esos, en el mundo entero, están gobernando una nación con la falda colgada de la cadera?

Diseñadoras, presentadoras de televisión, maestras de Pre Kinder, jefes de enfermería... si bien salieron del hogar y hoy no se dedican solo a criar los hijos, continúan ocupando la misma posición que ocupaban en ese tiempo en que no había nacido mi tatarabuela.

 Allá, en esas épocas, las mujeres ni dirigían la recolección, ni ostentaban reconocimiento político en el pueblo.  Ellas cuidaban de los enfermos, cosían los retazos y regañaban a los niños cuando entraban sucios a la casa. Estadísticamente hablando, las mujeres hoy en día, a pesar de la revolución femenina, de la píldora, tras la revolución industrial y tecnológica, no han conquistado nada. Ni media parcela. El hecho de que algunas hayan salido de la cocina, no cambia nada. Esto es un hecho. Incontrovertible. Los números lo dicen.

Los hombres las tienen convencidas no sólo de que tienen las mismas oportunidades de ser iguales a ellos, sino de que no hacen nada por meterles zancadilla en el camino, de que aplauden y apoyan sus logros.
  
Mentira. Tanto hombres como mujeres, sin estar al tanto. Desde su irracionalidad. Inconscientes, asumen la función de transmisores de aquel machismo imperante y totalmente establecido aquí abajo, en esta esquina del continente americano.

¿Por qué las mujeres continúan como ovejas en el rebaño pastoreado por los hombres... ¿Si pueden salir del coral, por qué no lo hacen? ¿Si están mejor capacitadas que nosotros para agarrar la vara y empezar a dirigirlo, por qué la gran masa no quiere hacerlo?  

Hablo de las mujeres, como cifra en los estudios, de la eterna mayoría, no de la académica ni de la progresista...ni de Claudia López, a la que le tienen tanta rabia porque habla duro y dice las cosas como son, como solo los hombres tienen derecho a hacerlo.

La respuesta está en la simbología a la que estamos expuestos los latinoamericanos desde que nacemos, no sólo las mujeres sino también los hombres. Los símbolos que a ellas las doblegan y subordinan, convirtiéndolas en víctimas de la dominación, a ellos los empoderan como victimarios.

Símbolos que las llevan a querer ser dominadas sin saberlo. O por lo menos a sentirse cómodas socialmente, ubicadas podría decirse, como objetos de dominación.

¿Por qué la mayoría de las mujeres prefiere que su pareja sea más alta? Nadie juzga el hecho de que el hombre pague las cuentas, que lleve el mercado al hogar, que le dé una MasterCard a la esposa y la tenga en clases de yoga, pero sí en cambio todo saliera del bolso de la matrona, dirían que es un mantenido bueno para nada.

Vuelvo a la estadística: ¿Cuantas mujeres prefieren estar con un hombre que gane más que ellas? ...y, correlativamente, ¿Cuántos hombres se sienten más cómodos siendo ellos los ricachones?

Los símbolos operan en ellas desde la niñez. Cada vez que observan llegar a su papá de trabajar y la mamá le lleva el plato a la mesa. Cuando están con más personas y la mamá calla para que sea el padre quien opine. Si son los hombres los que hablan fuerte y pontifican en la reunión familiar, mientras las mujeres se ocupan de atender y servir. Si es él quien, cuando están con los niños el fin de semana, normalmente maneja el carro, en todos estos casos que solo unos pocos ejemplos de la invasión simbólica constante que se vive desde que se nace; niños, adolescentes y adultos reciben cargas simbólicas de información, que son precisamente las que los posicionan en un género o en otro. Son esos símbolos los que hacen que los seres humanos se comporten de acuerdo a como un tipo de sociedad específica, espera que se comporten tanto en su papel de hombres o como de mujeres.

No es que el hombre domine a la mujer porque quiere hacerlo, es que, en esta sociedad predominantemente machista, el ser hombre significa dominar y ser mujer entregarse a la sumisión.

Ahora ¿Cuáles son las razones que justifican esta oscura perpetuación de los símbolos machistas y misóginos?

La castidad como elemento fundamental de la plusvalía femenina, se convierte en razón fundamental y suficiente para que se críen hombres dominantes y mujeres sumisas.  Una mujer vale por lo casta. Una mujer casta garantiza al hombre su propia descendencia.

 El hombre que se casa con una casta, con una mujer asexual tiene más probabilidades de que su mujer le garantice una descendencia propia. Si ella no es sexual, él podrá estar más seguro de que sus hijos son suyos. Este era el sentir en las sociedades agrícolas del siglo diecinueve. Por aquí el inconsciente masculino no ha evolucionado. Los hombres latinoamericanos, incluso los que no quieren tener hijos, continúan pensando igual.

El latin lover que se porta como un toro preñador, sigue siendo bien visto socialmente, mientras la mujer contemporánea se cuida mucho de que su comportamiento pueda traducir una sexualización de sus costumbres. En últimas, ser perro es un plus, mientras ser perra es el peor de los insultos. Una mujer puede ser la mejor madre, la mejor de las profesionales, la más formada de las académicas…que, si es perra, no es nada. Es basura social.

Es por eso que la sociedad nos forma deformándonos. Ella debe garantizar la perpetuación de los simbolismos, que producen mujeres dispuestas a someterse al macho. Simbolismo que han sido propiciados de forma directa por la religión cristiana predominante. Con la religión se busca una mayor eficacia disuasiva, frente cualquier tipo de emancipación sexual femenina. Una mujer decente no puede sentir placer sino con el marido. Los hombres idealizan las fantasías de sus mujeres. No han digerido aún el hecho de que sus mujeres no fantasean con ellos, sino con otros. Con sus maridos ellas se pueden excitar, con nadie más. La muy reconocida virgen María, es un claro ejemplo de esta estrategia de manipulación social de las féminas. ¿Qué puede ser más casto que dar a luz …siendo virgen?

Y la castidad se vive: La viven las mujeres en esa prudencia que las obliga a hablar pasito, en aquella delicadeza que las tiene decorando salones, en pasividad, en inacción, en todos esos atributos, reforzados a través de los símbolos, que no las dejan asumir riesgos ni posturas ni retos ni luchas ni enfrentamientos. Que no sólo no las deja gritar, ni participar, ni batallar, sino que las hace querer no hacerlo...porque lamentablemente, la mayoría, no son Claudia López.

Entonces, no tengo que esforzarme mucho en explicar por qué las feministas se deben detener a pensar un poco, antes de venirse encima de Alejandra por haberse puesto el hábito y metido el consolador durante estos 13 minutos de expresión artística.

El video, además de ser una interesante propuesta visual, es una expresión subversiva y contra simbólica, en busca de la equidad sexual que debe regir esta sociedad y en pro de la paz y el respeto, porque la violencia en contra de la mujer, reiterativa y en ascenso, se da precisamente por el patrocinio de las relaciones desequilibradas. ¿O por qué un hombre golpea a su esposa cuando ella mira de reojo al vecino, o cuando se le van los tragos en una fiesta y se le sube el sexy con el compañero de trabajo de su consorte? ...y lo peor, ¿Por qué muchos llegan a pensar, que se lo merece, así sea un poquito?

El hombre desde su inconsciente, asume que nació con el derecho de agredir. Su función de dominador y opresor lo obliga a castigar cualquier asomo de sexualización femenina.

La violencia intrafamiliar es un reconocido producto de nuestra cultura, que está envenenada por tanta de esa religión que nos trastorna y nos rebota. Siendo más claro, y debo decirlo con sumo respeto y reverencia, la culpa de muchos morados, la tiene esa virgen tan santísima a la que llaman María.

Se debilita esta construcción simbólica, cada vez que una mujer escribe una columna de opinión, cuando se le escucha la voz en un estrado público, cuando expone su punto de vista y lo defiende en una reunión sin importar cuantos hombres hay sentados a la mesa...o cuando, como lo hizo Alejandra, hastiada de la inmunda censura cultural que ejerce la sociedad, decide hacernos pistola a todos mientras se saca un orgasmo frente a la cámara.